La burbuja de filtros

Internet nos muestra versiones personalizadas de la realidad en función de nuestros intereses, lo cual tiene múltiples beneficios, pero a la vez, inconvenientes que conviene conocer.

Personalización de contenidos

La personalización de contenidos es sin duda una tendencia al alza en la red. La adaptación de contenidos en función del usuario ofrece innumerables beneficios en el Marketing Digital, como por ejemplo permitir a las empresas orientar la publicidad a su target de un modo mucho más eficiente. Es una herramienta que permite ofrecer una mejor experiencia de usuario y aumentar la conversión.

Sin embargo, el uso de estos filtros no solo influye en la publicidad que vemos, sino en el tipo de información que recibimos.

Información afín a cada usuario

Mediante la recopilación de datos sobre los usuarios, los algoritmos pueden detectar qué tipos de noticias son las que más nos interesan y, en consecuencia, seleccionarán mostrarnos aquellas noticias que saben que leeremos.

Mediante estos algoritmos, nos recomendarán aquellas películas que saben que nos gustarán, aquellos twitteros que piensan como nosotros, páginas de Facebook afines a nuestros gustos… Seleccionan la información más afín a cada usuario en función de información que el propio usuario proporciona mediante su comportamiento y actividad diaria ante el ordenador: búsquedas, comentarios, ubicación…

Esta personalización ofrece ventajas incuestionables, pero también conlleva un sesgo informativo que se retroalimenta y nos encierra en una burbuja de filtros.

La burbuja de filtros según Eli Pariser

Eli Pariser es un activista de Internet, autor del libro El filtro burbuja (The filter Bubble), y conocido también por su charla Beware online “filter bubbles” en TED Talks. En esta misma charla, define la burbuja de filtros de la siguiente manera:

“La burbuja de filtros es el universo propio, personal y único de información que uno vive en la red. Y lo que haya en la burbuja de filtros, depende de quién es uno y lo que uno hace. Pero el problema es que no decidimos lo que entra. Y más importante aún, no vemos qué es lo que se elimina.

Si solo tenemos acceso a la información que los algoritmos saben que nos interesará, estamos perdiendo la opción de leer nueva información que podría desafiar o ampliar nuestra visión del mundo. Perdemos la oportunidad de contrastar nuestra posición en diversos temas con opiniones que difieran de la nuestra, cosa que hace crecer aún más la burbuja, que puede acabar aislándonos de cualquier información que no sea afín a nuestras ideas.

Los algoritmos, por el momento, no poseen ética que pueda discernir entre información relevante e información necesaria. Por este motivo, la información que visualizamos en Internet es aquella que consideran que nos interesa ver, que no es necesariamente la misma que la que necesitamos conocer.

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